Un placer ser tu prisionera

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Candy-Candy
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Un placer ser tu prisionera

Mensaje por Candy-Candy » 18 Jul 2012 18:29

capítulo 1

Cornelia Waldorf decidió calzarse con sus zapatos más caros, su padre confiaba ciegamente en su ingreso en la universidad, pero ella tenía planes muy distintos, su amante la esperaba en las puertas de su casa, con unos billetes hacia París, solo ida. Un nuevo mundo se abría ante ella. Repasó la lista de pertenencias, su gran maleta de Chanel dejaba hueco suficiente para toda su colección de invierno.
Se colocó el sombrero y se miró en el espejo, una joven de veinte años de cabello negro y piel pálida la miraba fijamente, guiñó uno de sus ojos azules y se lanzó un beso con sus labios carnosos y rojizos.
Sabía que echaría de menos a su padre, pero con el tiempo le olvidaría, olvidaría tener que pensar en sus estudios y su futuro, su futuro estaba ahora con Natte, un guapo y rico neoyorquino que ya había comprado un ático en aquella preciosa y romántica ciudad.
Cogió su maleta y se dirigió a la puerta de su casa. Nate la esperaba con un ramo de flores y su perfecta sonrisa.
-Hola, preciosa.-Le dijo el chico.-¿preparada?-le señaló la limusina aparcada en frente de su piso.
-Buenos días. Lista y con ganas.

Entraron en ella, dentro Natte la besó, como siempre hacía, con un tímido y corto beso en sus labios.
-Chófer, arranca.-señaló su chico.
-Au revoir.-Susurró Cornelia mirando por la ventanilla su piso. Su padre era Charles Waldorf, el presidente de Nicotinne, la empresa tabaquera más importante del momento, gracias a sus grandes ingresos, Cornelia podía permitirse vivir sola, igualmente, veía poco a su padre. La mayoría del negocio se hacía en África, pero Charles adoraba Nueva York, consideraba que todo padre debía educar a sus hijos en aquel lugar, aun así, Cornelia era hija única, así que recibía mucha presión.

Pasaron junto a industrias Waldorf, seguramente, su padre estaría ahí dentro, en alguno de esos cientos de pisos, en alguno de esos cientos de despachos, sentado en alguna de esas miles de sillas.

Se alejaron de la ciudad, pasaron el aeropuerto y se dirigieron a Jersey, Cornelia miró a Natte, y este se dirigió hacia el chófer.
-¿Qué ocurre? Hemos pasado el aeropuerto.-Chófer nuevo, problemas nuevos.
-Lo se-Le dijo este solemnemente-Lo siento, señor. Soy nuevo...y me pagan más.-De pronto, se giró hacia ellos, con una pistola eléctrica y atacó a Natte, el disparo le impactó directo al cuello y este comenzó a convulsionar. Cornelia gritó, y el chófer frenó de pronto el coche, unos hombres abrieron las puertas y sacaron a Natte para echarlo en el asfalto, como si se tratase de basura. En unos instantes, la cogieron a ella y la dirigieron hacia una furgoneta blanca, ella pataleó y consiguió clavarle su tacón a uno de ellos, aun así, sin esfuerzos la ataron de pies y manos y la amordazaron.

Durante lo que le pareció una eternidad, pataleó y golpeó la puerta de la furgoneta, sin éxito, finalmente, pararon.
El más grande de ellos, calvo y con gafas de sol, a pesar de las nubes, la cogió y se la colocó encima de los hombros, boca abajo, como si de un saco se tratase, la llevaron a unos pisos de una zona desconocida para Cornelia, y abrieron una de las puertas, entrando en un ático oscuro y silencioso, salvo por los gritos ahogados de la chica, y las quejas del hombre que la llevaba, que en agradecimiento la tiró al suelo bruscamente, dándose por consecuencia un golpe seco en la cabeza contra lo que parecía una mesita de comedor.

Una sensación fría y húmeda despertó a Cornelia, se sobresaltó al recordarse donde estaba, la habían metido en una ducha y le estaban echando agua con el grifo, le dolía la cabeza, y le cosgtaba respirar.
-Buenos días, princesa.-Le dijo una voz masculina, su tono sarcástico era inconfundible. Intentó hablar, pero se encontraba tal y como la habían dejado, más mojada.-Vaya golpe nena. Habrás cabreado a Burnello a base de bien.-Cornelia pudo ver al hombre que le hablaba, un chico de unos 30 años, rubio y de tez pálida, habría tenido los ojos de un profundo azul cielo si no hubiese sido por una cicatriz que le atravesaba desde la ceja hasta la mejilla.-Bueno, voy a quitarte la mordaza si no hablas.-De pronto la chica tuvo una pizca de esperanza, aquel chico quizás pudiese sacarla de ahi. El muchacho le retiró la mordaza lentamente.
-Por favor....-Susurró ella. El cambió su rostro y la miró con odio, finalmente la abofeteó.
-Joder, princesa, no hables. ¿Acaso los de tu clase no saben estarse callados?-Cornelia ya lo odiaba. Estaba claro que no iba a salir de ahi, pensó con calma. Recordó el piso, pero lo recordó a oscuras, y no supo situarse. El chico, era el doble de desconsiderado con ella que el susodicho Burnello, ya que ni le permitió ponerse de pie, la arrastró por un pasillo, mientras ella intentaba ponerse en pie pero estaba mojada y atada.
La tiró en el suelo de lo que parecía el comedor, junto con la cocina, con una barra americana y unos taburetes. El comedor tenía una gran televisión de plasma, una mesita, con la que Cornelia se golpeó y unos sofás, en nada se parecía a una choza de las de secuestros de las películas, era todo un apartamento lujoso, y al recordar la ducha, cayó en la cuenta de que tenía por lo menos hidromasaje y jacuzzy, ¿porqué una persona con tanto dinero querría secuestrar a alguien como ella? ¿por más dinero?
Cornelia palpó el suelo para recostarse, buscó con la mirada una salida, la única posible parecía la puerta, el ventanal estaba oscuro, había estado inconsciente todo un día, y no podía adivinar si era una planta baja o un piso, y en ese caso, si sería capaz de bajar.
El chico le dio la espalda mientras preparaba algo encima del televisor. Cornelia se puso a cuatro patas y comenzó a deslizarse hacia la ventana, al principio lentamente, pero al poco, se dio cuenta del ruido que hacía, así que comenzó a desesperarse, el chico se giró cuando ella estaba a la altura de la ventana, pero el no se movió, ella la intentó abrir con todas sus fuerzas, y al ver que estaba cerrada con llave estiró con tanta fuerza que se le partieron todas las uñas postizas que llevaba, llenándole de sangre las manos y las mejillas de lágrimas.
El chico la tiró al suelo agarrándola del hombro, se colocó encima suyo y le puso sus manos en el cuello.
-Muy bien, princesa. Voy a explicarte como funciona esto.-Corelia apenas podía respirar, pero el miedo le impedía moverse. Notó como las lágrimas le resbalaban por las mejillas.-No eres una invitada, no tendré el aspecto de Brunello, pero no tendré ningún reparo en cortarte los dedos si me cabreas, harás lo que yo te diga, cuando te lo diga, no hablarás sin mi permiso y no volverás a intentar escapar. Es inútil. -Cornelia ya no veía al chico con ojos de joven, solo lo veía con aquella horrible cicatriz en el ojo, y el otro de color azul, la miraban con odio, con sus cejas rubias apretadas, y aquellos labios tensos y finos, Cornelia hasta pudo adivinar unos colmillos algo más largos de lo normal en su mandíbula, que tensaban la boca y se dejaban asomar en aquella cara pálida.

Se apartó de encima de ella y se dirigió hacia la televisión, donde había colocado una cámara de vídeo. La colocó a ella delante del sofá, mirando hacia la cámara y se apoyó un poco en el mueble del televisor.
-Bien princesa, si haces lo que yo te diga, hoy dormirás en una cama.-Encendió la cámara, sacó el visor y sonrió, con una sonrisa torcida, peligrosa, que enseñaban sus colmillos puntiagudos, y blancos.-este vídeo es para tu papi, saluda, princesa.-Cornelia no supo como reaccionar, pero el chico se acercó a ella, y sacó una pistola de sus pantalones negros de traje. Se sentó detrás de ella, en el sofá y la apuntó en la sien.-Bien, papi. Esto ya es personal, No la volverás a ver hasta que no nos devuelvas todo lo que nos debes.-de pronto el chico la cogió del pelo y la puso contra la pistola.-¿pensabas que no la encontraríamos? ¿Por haber encontrado a ese pijo de parís?-Cornelia no entendía lo que estaba diciéndole a la cámara, ¿hablaban de Natte? Era inútil su padre desconocía la existencia de Natte.-en una semana, si estas de acuerdo con el pago, queremos la mitad, entrégaselo a nuestro repartidor, y en dos semanas, a partir del pago, recibirás instrucciones de como volver a ver a tu hija. Si en una semana, nuestro repartidos vuelve con las manos vacías la encontrarás muerta en la cuneta, un accidente de coche.-Cornelia lloró desconsoladamente, esa gente iba a matarla.-Una semana, papi- El chico se escondió la pistola en el pantalón y la empujó contra el suelo, se levantó y apagó la cámara. La observó durante unos instantes, y de pronto sonrió.
-Wow princesa, has estado fantástica.-Se deslizó en el sofá, dejándose caer.-El llanto le ha dado un dramatismo...ni ensayado. Adoro el teatro ¿tú no?. Cornelia seguía boca abajo, en el suelo, sin dejar de llorar. Él se levantó y la agarró del brazo, la arrastró por el pasillo y la encerró en una habitación muy pequeña. En un momento Cornelia vio que se trataba del armario de las escobas.

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Candy-Candy
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Re: Un placer ser tu prisionera

Mensaje por Candy-Candy » 07 Ago 2012 12:25

aqui mi primer fic espero que os guste

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lestad1085
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Ubicación: abajo de tu cama

Re: Un placer ser tu prisionera

Mensaje por lestad1085 » 17 Ago 2012 22:09

Me a gustado :-)
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